Zagallo

Franz Beckenbauer, el eterno ídolo

“A Franz atrás no se le escapaba ninguna pelota, ni mosca ni mosquito que quisiera pasar; y cuando se echaba adelante, era un fuego que atravesaba la cancha”. De esta manera lo definía el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano a Franz Beckenbauer, figura que cambió por completo el rumbo del fútbol alemán y es considerado el mejor jugador germano de todos los tiempos.
Nacido en las ruinas de la posguerra de Munich en el barrio obrero de Giesing, y confeso fanático del TSV 1860 Munich, en su casa el fútbol nunca había sido bien visto por su familia. Su padre, un trabajador postal, repudiaba el amor que su hijo sentía por la pelota. A los ocho años, ingresó en las filas de un modesto equipo de barrio: el SC Munich 06.

Pero a los 14, el equipo se disolvió y el club de sus amores le ofreció formar parte de sus filas.
El pequeño Franz  fue el encargado de negociar con el 1860 Munich, y su único pedido fue que su nuevo club se llevase a todos los que jugaban a su lado en el SC Munich 06. Fue allí donde, a pesar de ser tan solo un adolescente, comenzó a demostrar un liderazgo, ese liderazgo que lo llevaría a lograr tres copas de Europa, dos Balones de Oro y transformarse en uno de los únicos dos personajes en coronarse campeón mundial como jugador y como técnico junto al brasileño Mario Zagallo.
Todo parecía encaminarse a que vistiese la camiseta que tanto anhelaba desde pequeño. Pero en una final entre el club en el que se desenvolvía y el 1860 de sus amores, meses previos al traspaso, todo cambió. Tras una de tantas fricciones que se produjeron en el partido, uno de sus rivales se levantó del suelo y le propinó un bofeteó a Franz: y al futuro crack no le gustó para nada.
Él no entendía que un equipo pudiese tener un comportamiento tan indigno y el afecto que sentía por esa camiseta se esfumó. Unas semanas después el Bayern de Múnich, acérrimo rival del 1860, conseguía su fichaje. Y allí, la historia del futbol alemán cambiaría por completo.
A pesar de haber logrado el Mundial de Alemania de 1974 como jugador y de Italia 1990 como entrenador así como también ser pieza fundamental en la organización del Mundial de Alemania en 2006, sin dudas hay un partido que destacó aún más a este eximio jugador llamado Franz Beckenbauer.
En el Mundial de México de 1970 Alemania alcanzó el tercer puesto desplegando un gran juego. Sin embargo en ese campeonato de 1970, toda la atención posaba en Franz, quién pasó a la historia por jugar lesionado frente a Italia en una semifinal épica. Ésta se resolvió en tiempo extra, en donde la estrella germana se negó a salir remplazado y, con un hombro dislocado, finalizó el partido con un cabestrillo en su brazo.
Como futbolista fue siempre un ejemplo de elegancia y eficacia, un mediocampista reciclado que para muchos reinventó el futbol desde su posición de líbero. Anotó 95 goles en 692 partidos, algo jamás visto en un defensa hasta ese momento. Jamás rifaba la pelota y solía salir jugando desde su propia área, ya que su técnica le permitía dar pases a distancia con gran precisión. Y es que después de tantos logros, liderazgo y talento, bien podríamos decir que el fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, que juegan once contra once, y que al final siempre gana… Franz Beckenbauer.

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